La Escuelita

Somos unos privilegiados los que vivimos en esta época.

Tenemos la inmensa suerte de vivir en la Edad de Oro de unos de los placeres más grandes que existen. En ninguna otra época se produjo vino en igual cantidad y diversidad. La tecnología ha ayudado a que cada vez existan mejores vinos y este mundo globalizado hace que hoy en día todo el mundo tenga acceso a varietales de cualquier parte del mundo.

Para entender las afirmaciones que hemos realizado, hay que comprender cómo han enriquecido y transformado el mundo del vino los países del Nuevo Mundo, cuestionando muchas veces las enseñanzas de la Vieja Europa, madre de esta industria.

La larga tradición de países como Francia e Italia, muchas veces ha resultado un lastre o un freno en la investigación e innovación en los viñedos y las bodegas. Esto ha dado como resultado las diferenciaciones que se han apreciado en los vinos de países como Australia, Argentina, Chile, Nueva Zelanda, Sudáfrica y fundamentalmente Estados Unidos.

Las denominaciones de origen, que tuvieron un importante papel en el desarrollo de los estilos de vinos y zonas de calidad en el pasado en Europa, han quedado obsoletas por exceso en las regulaciones (variedades de uvas autorizadas, rendimientos máximos por hectárea, estilos de vinos autorizados, tiempos mínimos de crianza en barricas, etc.). Todo esto supone un freno a la creatividad, que han sabido aprovechar los países emergentes mencionados anteriormente, al no aceptar como única verdad las enseñanzas del Viejo Mundo del vino. La falta de tradición y la menor cantidad de regulaciones ha supuesto una innovación en numerosos aspectos que nos han “bendecido” a todos los que disfrutamos del placer de tomarse un buen vino. Hoy podemos disfrutar un Cabernet californiano, un Sirah Australiano, un Malbec argentino o un Chardonnay chileno, siendo estos vinos sorprendentemente ricos, diferentes, limpios y generalmente frutados.

Un ejemplo claro de estos avances que se han dado, se produjo en la década de los setenta, cuando la Universidad de Davis (California) difundió técnicas de control de fermentación mediante los sistemas de frío, imponiéndose los depósitos de acero inoxidable, tanques con una doble pared que permite la circulación de agua a diferentes temperaturas. Esto supuso una gran mejora en la calidad de los vinos elaborados, principalmente en los países cálidos. Otro ejemplo es cuando se le agrega el gusto a madera a vinos jóvenes mediante chips (virutas de roble). Esto logra este efecto con un importante ahorro de tiempo y costo frente a las tradicionales barricas de roble.

Muchas veces se dice en Europa que, por estas prácticas, los países del Nuevo Mundo del vino realizan una competencia desleal. Para nosotros estas afirmaciones son una aberración, estas nuevas técnicas no hacen más que darnos la oportunidad de elegir y juzgar qué vinos queremos tomar. Al mismo tiempo consideramos que se debe informar claramente a la persona que va a consumir el vino cómo se ha elaborado este exactamente. Lo importante es lo que el consumidor demanda y por esta razón hoy muchos de estos cambios los está implementando ya Europa.

Finalmente el objetivo de este artículo no era entrar en un debate de si son mejores los vinos del Nuevo Mundo o los europeos, lo que debemos reconocer es que hoy somos unos privilegiados por la diversidad y calidad de vinos que podemos disfrutar. Existen tantos vinos excelentes a precios accesibles que muchas veces me cuesta entender que la gente se vuelque por momentos a otras bebidas.