La Escuelita

Vinos varietales versus vinos de corte

Ya hemos definido antes que un vino varietal es que esta elaborado a partir de un solo tipo o variedad de uva, por ejemplo, Malbec, Merlot, etc. Por otra parte también hemos definido vino de corte, también llamados “blends” o “assemblages”, al elaborado a partir de dos o más variedades de uva.

Pero lo que nos ocupará en este artículo es la vuelta de la moda de los vinos de corte dentro de los vinos argentinos después de un largo reinado de años de los vinos varietales. ¿Se debe esto a que son mejores o es sólo moda?

A principios de los noventa los vinos argentinos tomaron un camino varietalista formando parte de los “vinos del nuevo mundo” y cambiando la tendencia que traían de marcas y cortes repetidos por años. Además hace dos años existió un cambio de legislación donde desaparecieron de las etiquetas las leyendas de “vino de mesa” o “vino fino”, con lo cuál todo pasó a girar en torno a cuándo debe un vino llevar el nombre de la variedad en la etiqueta.

En Argentina, cuando un vino está elaborado en un 85 % de un mismo cepaje, la ley dice que es varietal y, por lo tanto, puede llamarse Malbec, Chardonnay o lo que sea. Por debajo de ese 85% hay que ponerle al vino un nombre genérico artificial.

La pregunta es: ¿qué pasa con el restante 15% en los varietales? Queda a discreción de la bodega aclarar o no la participación de otros vinos. Generalmente cuando es 100% de una variedad las bodegas lo especifican. También si se trata de vinos de guarda, donde la información que se hace es precisa y específica. Algunos incluso aclaran que tienen un 3% de una variedad específica. Esto no sucede en los vinos económicos donde, en muchos casos, se mezclan dos cosechas y se coloca en la etiqueta sólo una. Esta claro que esto no hace a la calidad del vino, sino simplemente a la información.

Debemos tener presente que la participación de un cepaje o variedad en un vino debe ser superior al 5% para que pueda apreciarse en la copa. En caso contrario pasa desapercibida o resulta casi imposible su identificación. Eso no significa que, en la composición del vino, no tenga cierta función. Estos “toques” de otras variedades pueden reforzar el color, “ablandar” otro cepaje que tenga taninos muy duros, como es el caso del Cabernet Sauvignon. Esta variedad por más que aparezca con el nombre de varietal en la etiqueta nunca es 100% Cabernet Sauvignon, ya que necesita un pequeño corte para que resulte un vino agradable para tomar.

La primera polémica que se genera en la industria es si se puede llamar a un vino con el nombre de una variedad cuando en realidad tienen sólo el 85% de la misma. Nuestra opinión es que esto es correcto, porque tiene como objetivo orientar al consumidor y permite que el enólogo tenga margen para lograr un vino más completo y rico.

La segunda polémica gira en torno a si los vinos de corte son mejores que los varietales. En realidad la polémica apunta a plantear sin son mejores los vinos del “viejo mundo”, caracterizados por ser generalmente vinos de corte, que poseen las características de una zona específica de alguna región vitivinícola de Europa, o si son mejores los del “nuevo mundo”. “Sobre gustos no hay nada escrito” y por lo tanto no podemos afirmar que unos son mejores que otros, ya que el mejor vino es, finalmente, el que más gusta. Pero lo que si podemos afirmar es que los norteamericanos tuvieron una idea brillante al incorporar en la industria el concepto de varietales, brindándole a la gente la posibilidad de probar y comparar cosas “palpables”. Antes la gente bebía sólo un Borgoña o un Burdeos, zonas de Francia que jamás habían visitado y por lo tanto sentían que no conocían lo que bebían.