La Escuelita

¿Qué vinos se pueden guardar?

La decisión de guardar un vino no responde a un único factor sino a muchísimos. Casi me animaría a decir que para acertar en la decisión de guardar un vino para tomarlo un tiempo después se debe ser un experto. Incluso siempre me gusta repetir esa frase que dice “que la vida es demasiado corta como para, además, tomar malos vinos”. Con esto quiero contarles que cuando tomo un vino y esta muy bueno, no guardo el resto de las botellas de la caja para saber cómo van a estar dentro de unos años. La idea de que los vinos son mejores mientras más viejos surge de la época en que no existía la tecnología actual que permite tomar excelentes vinos jóvenes. Esto no ocurría antes, los vinos debían evolucionar mucho en las botellas para que fueran ricos, “tomables”.

Igual existen personas que les apasiona ver evolucionar a los vinos, ver cómo cambian y se hacen más complejos con el tiempo. Por esta razón definamos los cuatro puntos que debemos tener en cuenta para identificar nuestro vino ideal de guarda.

El primero es saber qué variedad o tipo de uvas podemos guardar. En los tintos, la variedad clásica para tener una larga vida es el Cabernet Sauvignon. También el Tanat de Uruguay muchas veces cuenta las características para la guarda. Estas y algunas otras cepas tienen en común su gran cuerpo y su alta concentración de taninos.

Los blancos tienden a tener una vida mucho más corta que los tintos. Podríamos decir que salvo el Chardonnay, que ha tenido su paso por barricas de roble y que puede durar algún tiempo evolucionando en la botella, es mejor beber todos los vinos blancos cuanto antes.

Un segundo punto que define a un vino de guarda es la calidad de su materia prima. Esto es muy difícil de saberlo si uno no es un experto en vinos y además no conoce la forma en que trabaja la bodega que produce el vino. Un ejemplo de este punto puede ser el Malbec, que no siempre tiene la cantidad de taninos y cuerpo que se requiere para la guarda. Pero algunos viticultores reducen la cantidad de racimos por hectárea, raleando (cortando algunos racimos verdes antes que maduren), resignando cantidad en busca de calidad. De esta manera podemos lograr una Malbec con una concentración de taninos y cuerpo excepcional para contar con potencial de guarda, ya que cada racimo recibió más de la planta.

Un tercer punto para identificar un vino de larga vida es la calidad de la cosecha. Este punto también es difícil para una persona no entendida en vinos, pero menos complicado de obtener que el anterior. Hoy buscando un poco en Internet podemos saber cuales han sido buenos años de cosecha y cuales no en las zonas de donde provienen los vinos que nos gustan.

Buenos años para los vinos tintos son aquellos que se han caracterizado por naturales bajos rendimientos, climas en los cuales las uvas han madurado sin lluvias que diluyan los sabores y opaquen un poco los aromas. Podemos decir como resumen que la mejor cosecha es la que logra concentrar la mayor cantidad de gusto a fruta en las uvas.

El cuarto punto a la hora de identificar un vino con potencial de guarda es el proceso de vinificación. Algunos vinos son elaborados para ser guardados un tiempo y vinos que son elaborados buscando que tengan una alegre y corta existencia.

A los vinos de guarda durante su elaboración se los deja más tiempo en contacto con los hollejos (“piel” de la uva) luego de la fermentación para que sigan recibiendo color, aroma y gusto. Además a estos vinos se los añeja en barricas de roble, lo cual le da al vino armas para soportar más años en la botella.